• Blog de un maestro

27 años dan para mucho

Querido colegio, tantos años aprendiendo contigo y no me preparaste para decirte adiós.

27 años contigo, aprendiendo y enseñando a gestionar emociones y ayer fue una marea de sentimientos encontradas los que arrasaban conmigo.

27 años contigo, aprendiendo y enseñando a hilar palabras para expresarme, y ahora me resulta tan difícil encontrar las palabras oportunas para este momento en el que después de tanto tiempo, uno decide poner un punto y aparte para escribir un nuevo renglón en su vida.


13 años como alumno, 5 como monitor (que en verdad fueron algunos más) y 9 como maestro. En total 27 años en los que de una u otra forma mi vida ha transcurrido entre tus paredes. Decirte adiós no es nada fácil. Algunos llegan a ti de pequeños y luego se van, otros han llegado ya mayores, pero yo sinceramente no conozco mi vida sin ti, no sé lo que es eso.


Sobre el por qué… pues es un poco por ti y otro por mí. Pero bueno, esto no iba de dar explicaciones sino de decirte un par de cosas antes de irme.


Tengo que darte las gracias tantas veces que podría gastar la palabra y aún así no haber terminado.

Gracias porque tu suelo acogió mis primeros pasos, tus escalones me ayudaron a crecer, tus paredes vieron y escucharon muchos de los episodios más importantes de mi vida. Gracias por acogerme colegio, gracias por enseñarme a ser quien soy. Gracias porque en ti me he hecho maestro, he descubierto mi vocación, me has enseñado a amar la escuela y esto ha dado sentido a mi vida.

Aunque he de decirte que te estás llevando un mérito que no es solo tuyo, sino de quienes en ti se cruzaron conmigo. Gracias por todas esas personas que me pusiste por delante. De todos me llevo algo, experiencias y aprendizajes que todas juntan han sumado mucho, a veces con un sabor más dulce, otras más amargo, pero siempre aprendiendo. Aún intentando nombrar a todos, seguro que me dejo a mucha gente que me ha acompañado en todo este tiempo.


La primera mi madre. Gracias. Por ser mi madre que no es poco, porque has estado siempre ahí con tu prudencia y silencio respetando cada uno de mis pasos y decisiones. Es fácil ser maestro teniéndote de ejemplo. Gracias por ser ejemplo de humildad, de ganas de seguir aprendiendo y amando esto hasta en el tiempo de descuento. De saber decir que no y tener claro lo que importa. Por ser hasta el final una luchadora.


A las que antes que compañeras fuisteis mis maestras. Rocío, Nieves, Isabel Luque, Regli, Julia, Encarni, Filo, Tere, Raúl… y todos los que habéis pasado por el cole siendo yo aún pequeño. No todo el mundo tiene la suerte de poder dar las gracias a quienes tanto han hecho por mí. Porque me habéis visto y acompañado en estos 27 años. Gracias por esas cosas que sé que hicisteis por mí, aunque ya no las recuerde. Porque si sé escribir estas líneas es gracias a vosotras, si algo hay de buena gente en mí, es gracias a vosotras. En estos últimos años, he intentado devolveros una pequeña parte de todo lo que me habéis dado, aunque arreglar un ordenador, dar algún curso o resolver unas dudas nunca será suficiente para agradeceros a quienes me habéis enseñado a ser quien soy. De entre todas vosotras, me acuerdo especialmente de Carmen, a quien no supe agradecerle a tiempo tanto como debía. Y a mi Maestro, que fue el primero en darme mi sitio, hacerme sentir valorado y meterme la ilusión de hacer de este cole algo grande. El diría que todo esto son mariconadas, pero se fue sin saber cuánto dejaba y cuánta culpa tuvo de que yo hoy ame tanto la escuela.


A mis Japuxis no les puedo decir nada, cualquier palabra estropearía lo que significáis para mí. Isabel, Águeda, David, María, Merche… habéis sido el sostén en los peores momentos y lo seguís siendo en este.


“¡Válgame el señó!” ¡Qué suerte tengo! Qué poca gente puede decir como yo que trabaja con sus amigos y que aprende de ellos. Sois uno de los grandes regalos que me ha hecho este colegio. Gabi, Beli, Marías, Naza… Me despido del cole, pero con vosotros sé que me quedan muchas historias por delante. Ojalá algún día os reconozcan todo vuestro talento y lo fundamentales que sois. Seguid pisando fuerte.


Y a todos vosotros, Antonio, Raquel, Rocío, Ana, Juan, Paloma, María, Ester, Natalia, Anabel, Darío, Manuel, Felipe y todas y todos los que habéis ido pasando por aquí y la vida os ha llevado por otros caminos. Sé que hoy me despido del mejor claustro que tendré nunca y a donde me lleve la vida diré siempre muy orgullosamente que aprendí de vosotros y que yo fui vuestro compañero.


A mis alumnas y alumnos, sois muchos a los que he visto crecer en estos años, a algunos me ha dado tiempo a veros salir hechos ya hombres y mujeres, a otros os dejo aún en camino y crecimiento. Acompañaros estos años ha sido uno de los mayores honores que me dará la vida nunca. Sois los verdaderos protagonistas, la razón de que yo sea maestro. Si me preguntan por qué amo la escuela, tendría que responder con cada uno de vuestros nombres.

Perdonadme por las veces en las que el cansancio pudo más que la ilusión, por las veces en las que no supe dejar fuera de clase la tormenta que llevara dentro, por las que no he sido ejemplo de nada y por las que lo he sido de aquello de lo que pretendía alejaros. Sé que sabréis perdonadme. Y gracias, gracias por todo lo que me habéis enseñado, por recargarme de energía con vuestros abrazos y sonrisas, eso sí que cura y no el agua de la fuente.

Seguid vuestro propio camino y perseguid vuestros sueños contra viento y marea, que yo desde aquí cerquita, aunque no os deis cuenta, seguiré contemplando vuestro vuelo y sintiéndome orgulloso de vosotros y vosotras.


Y a tantas personas y familias como he conocido en estos años. Gracias por cada muestra de cariño, apoyo y agradecimiento. Gracias por las veces en las que habéis valorado mi esfuerzo y trabajo y por entender que lo que hacía, siempre, siempre, siempre fue con la intención de ayudaros con lo que más queréis: vuestros hijos/as. Perdonadme por lo que no haya sabido hacer, o cuando no he sabido estar.


En definitiva, gracias a todos y todas, sois muchos y es mucho lo vivido, y es que...

27 años dan para mucho.



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