• Blog de un maestro

Matando la creatividad

Esta semana vengo a hablaros de algo a lo que cada día se le da mayor valor: la creatividad. Aunque mejor dicho, os hablaré de cómo estamos matándola en la escuela. Sí, eso he dicho. De hecho esta idea no es mía, ya os lo cuento más adelante.



Pero ante todo, aclaremos términos. ¿Qué es la creatividad? La verdad es que no está claro. A lo largo de la historia este concepto se ha entendido de manera diferente, y a día de hoy no hay, en el campo científico una idea clara sobre qué es la craetividad.


Si miramos la historia, el concepto ha ido cambiando. En la antigüedad la creatividad se consideraba un don otorgado por los dioses. Los poetas recibían la inspiración de las musas en la antgua Grecia, algo reservado a unos pocos "elegidos".


En la Edad Media el interés por el estudio de la creatividad era nulo y todo estaba enfocado a la religión, la interpretación de la Biblia y rendirle tributo a Dios. De hecho la gran parte de las obras artísticas ni siquiera se firmaban, por lo que el autor era irrelevante.


En la Edad Moderna, con el surgimiento del humanismo nace la creencia de la cratividad como rasgo hereditario. El Renacimiento hace que la producción artística aumente exponencialmente y con ello la preocupación por comprender el fenómeno de la creatividad.


La primera investigación relevante sobre el fenómeno creativo tiene lugar en el s.XVIII de la mano de William Duff, quien diferencia talento de creatividad, otorgándole a esta última un caracter de innovación que el talento no tenía por qué tener. En la misma época Kant entendió la creatividad como algo innato, un don de la naturaleza que no se puede entrenar.

No es hasta el s.XIX cuando se realizan los primeros estudios empíricos sobre la creatividad. En esta época predominó la concepción de la creatividad como rasgo hereditario.


A partir de esta época, se suceden diversas teorías sobre la creatividad. Freud por ejemplo, sostenía que las personas producían ideas creativas para expresar sus deseos inconscientes de una manera socialmente aceptada, definiendo la creatividad como el paso de lo inconsciente a lo consciente.


De esta manera, los estudios e ideas sobre la creatividad han ido evolucionando y tomando diversas corrientes. Actualmente, el enfoque es multidimensional. Se analizan distintos aspectos como la personalidad, la cognición, las influencias psicosociales, la genética... De hecho, el estudio de la creatividad ha interesado a distintos campos o disciplinas más allá de la Psicología, como es el caso de los estudios empresariales sobre la creatividad por su relación con la innovación y la competencia.


Pero la proliferación de estudios no ha hecho que exista una concepción clara y ampliamente aceptada de la creatividad.


En el año 2006, Sir Ken Robinson pronuncia en California una charla TED llamada "¿Las escuelas destruyen la creatividad?" que llegó a ser la más vista de las TED Talks.

Puedes ver la charla traducida al castellano haciendo clic aquí.


En esta charla, Sir Ken Robinson define la creatividad como el proceso de tener ideas originales que tienen valor. Según él "todos nacemos con grandes talentos naturales, pero que, después de pasar por la escuela, muchos hemos perdido esas cualidades". (Robinson, 2015, p.16)


Desde que di con esta idea a través de sus libros y su charla TED, no dejo de darle vueltas y estar cada día más convencido de que es cierto:


La escuela mata la creatividad.


A muchos y muchas de vosotras esta afirmación os resultará incómoda, exagerda o tendenciosa. Os explico mi punto de vista.


En la escuela, o al menos en el concepto que yo tengo de cómo se está dando la educación en la mayoría de ellas, se sigue un patrón en el que intentamos dar a nuestros alumnos, y a su vez se lo exigimos a ellos, respuestas correctas.


Cuando pedimos una intervención en clase es para que nos den la respuesta correcta, cuando hacen una prueba escrita queremos que den respuestas correctas, cuando les mandamos hacer un trabajo es para que lo hagan con la información correcta... ¡No hay sitio para el error! Y podréis pensar que es algo obvio y que sería absurdo animar a nuestro alumnado a equivocarse o encaminarles a una información errónea.


La cuestión es que estamos estigmatizando el error. El intento no es valorado, solo el acierto. Por lo que todo lo que no sea lo correcto se desprecia.


En esta lógica, si lo que no sea acierto no es válido ¿Para qué voy a intentar algo diferente?


Cuando solo valoramos el resultado final como correcto o incorrecto, estamos despreciando el proceso por el cual se ha llegado a esta respuesta, y ahí estamos dejándonos fuera mucha información, mucho trabajo y sobre todo el lugar en el que podría desarrollarse la creatividad.


Diréis que hay cosas que o están bien o están mal, y por supuesto es así. Planteemos por ejemplo una operación matemática. Una suma sencilla: 23 + 34. Es fácil plantear que sólo hay un único resultado posible, y que por lo tanto eso es lo que cuenta al valorar esta actividad de nuestro alumno/a.


Si sólo basamos nuestra valoración en que el único resultado correcto es 57 estamos dejando sin valorar cómo el alumno llega a esa conclusión. Nos estamos perdiendo todo el razonamiento, pero estamos también perdiendo la posibilidad de descubrir una nueva forma de calcular ese resultado que sea distinta de la comunmente empleada en clase. Estamos eliminando la posibilidad de que surja una idea original que tenga valor, es decir, la creatividad.



En su charla, Sir Ken Robinson une el error a la creatividad. No el error en sí, sino la posibilidad del error. En su charla TED afirma: "Si no estás dispuesto a arriesgar y equivocarte, nunca se te va a ocurrir nada original".


Existe un cuento llamado "Un niño" de Helen Buckley. Os lo dejo a continuación:


“Una vez el pequeño niño fue a la escuela. Era muy pequeñito y la escuela muy grande. Pero cuando el pequeño niño descubrió que podía ir a su clase con sólo entrar por la puerta del frente, se sintió feliz.


Una mañana, estando el pequeño niño en la escuela, su maestra dijo:

-Hoy vamos a hacer un dibujo.

-Qué bueno- pensó el niño, a él le gustaba mucho dibujar, él podía hacer muchas cosas: leones y tigres, gallinas y vacas, trenes y botes. Sacó su caja de colores y comenzó a dibujar.


Pero la maestra dijo: - Esperen, no es hora de empezar, y ella esperó a que todos estuvieran preparados.

-Ahora, dijo la maestra, vamos a dibujar flores.

-¡Qué bueno! - pensó el niño, - me gusta mucho dibujar flores, y empezó a dibujar preciosas flores con sus colores.


Pero la maestra dijo: - Esperen, yo les enseñaré cómo, y dibujó una flor roja con un tallo verde.

El pequeño miró la flor de la maestra y después miró la suya, a él le gustaba más su flor que la de la maestra, pero no dijo nada y comenzó a dibujar una flor roja con un tallo verde igual a la de su maestra.


Otro día cuando el pequeño niño entraba a su clase, la maestra dijo:

-Hoy vamos a hacer algo con barro.

-¡Qué bueno! pensó el niño, me gusta mucho el barro. Él podía hacer muchas cosas con el barro: serpientes y elefantes, ratones y muñecos, camiones y carros y comenzó a estirar su bola de barro.


Pero la maestra dijo: - Esperen, no es hora de comenzar y luego esperó a que todos estuvieran preparados.

-Ahora, dijo la maestra, vamos a modelar un plato.

-¡Qué bueno! pensó el niño. A mí me gusta mucho hacer platos y comenzó a construir platos de distintas formas y tamaños.


Pero la maestra dijo: -Esperen, yo les enseñaré cómo. Y ella les enseñó a todos cómo hacer un profundo plato. -Aquí tienen, dijo la maestra, ahora pueden comenzar.


El pequeño niño miró el plato de la maestra y después miró el suyo. A él le gustaba más su plato, pero no dijo nada y comenzó a hacer uno igual al de su maestra.


Y muy pronto el pequeño niño aprendió a esperar y mirar, a hacer cosas iguales a las de su maestra y dejó de hacer cosas que surgían de sus propias ideas.


Ocurrió que un día, su familia, se mudó a otra casa y el pequeño comenzó a ir a otra escuela.

En su primer día de clase, la maestra dijo:

-Hoy vamos a hacer un dibujo.

-Qué bueno pensó el pequeño niño y esperó que la maestra le dijera qué hacer.


Pero la maestra no dijo nada, sólo caminaba dentro del salón. Cuando llegó hasta el pequeño niño ella dijo:

-¿No quieres empezar tu dibujo?

-Sí, dijo el pequeño ¿qué vamos a hacer?

-No sé hasta que tú no lo hagas, dijo la maestra.

-¿Y cómo lo hago? – preguntó.

-Como tú quieras contestó.

-¿Y de cualquier color?

-De cualquier color dijo la maestra. Si todos hacemos el mismo dibujo y usamos los mismos colores, ¿cómo voy a saber cuál es cuál y quién lo hizo?

-Yo no sé, dijo el pequeño niño, y comenzó a dibujar una flor roja con el tallo verde.”


Helen Buckley


Te dejo la versión en vídeo para que puedas verlo:


Creo que no es necesario hacer mucho comentario al vídeo.


En la escuela, tendemos a dirigir tanto a nuestros alumnos y alumnas, que vamos eliminando la posibilidad de que otras ideas surjan. Y quizá no las eliminamos directamente, pero al premiar las respuestas "correctas" y corregir las erradas, hacemos que nuestros alumnos, queriendo acertar para tener nuestra arpbación se vayan autocensurando y finalmente, todos terminen dibujando flores rojas con el tallo verde.


Como dice Sir Ken Robinson en su libro Escuelas Creativas "Muchas personas brillantes no creen en sus capacidades porque aquello en lo que destacaban en la escuela no se valoraba o incluso se estigmatizaba."


O si lo preferís, en palabras de Pablo Picasso: "Todos los niños nacen artistas, lo difícil es seguir siéndolo cuando crecemos".


Y es entonces cuando yo me pregunto: ¿Estamos matando la creatividad?




Fuentes:

Robinson, K, (2015), Escuelas creativas, Barcelona, España, Penguin Random House Grupo Editorial. S.A.U.

https://www.ted.com/talks/sir_ken_robinson_do_schools_kill_creativity

https://psicologiaymente.com/inteligencia/creatividad-historia

https://www.youtube.com/watch?v=-np-1YQI1xY

https://www.youtube.com/watch?v=5FXww8K65g4