• Blog de un maestro

Si te atreves a educar...

Cuando elaboro o diseño algún producto me gusta hacerlo de manera que muestre el profundo orgullo que siento de pertenecer a esta profesión. Es fácil ver que pasa lo mismo a quienes diseñan cosas para otras profesiones.


Nos pasa a todos: los enfermeros piensan que su profesión es fundamental, las médicos que salvan vidas y por lo tanto son importantísimas, policías y otros cuerpos de seguridad velan porque vivamos seguros y en convivencia por lo que también son pieza clave… Y así se refleja en las camisetas, tazas o cuadernos de cada una de estas profesiones. No solo en estas, pasa en todas las que tienen sentimiento de pertenencia a un mismo colectivo.


Así que permitidme que yo haga otro tanto y que presuma y defienda nuestra preciosa labor de educar.


Y digo defender porque no son pocas las veces que nuestro gremio nos necesita como firmes y valientes defensores de la educación.


A veces porque hay quienes osan tocarla con sus sucias manos de burócratas, creyendo que cualquier ocurrencia es apta para educar. Otras porque aquellos a quienes la biología les encargó la tarea de educar se creen enemigos en lugar de verse como la otra cara de la moneda, tan necesaria como la una. Incluso hay ocasiones en las que la batalla se libra dentro de nuestras propias murallas y nos vemos luchando con el desánimo de muchos en nuestras propias filas, contra infiltrados sin vocación o con aquellos que se equivocan de enemigo y atacan a los nuestros pensando que la solución para tener mejores armas es que el de al lado esté desarmado.


Compañero, compañera… si te atreves a educar, no vale venir a medias. Te necesitamos dando todo de ti para esta causa.


Y es que educar es todo un atrevimiento.


Nadie te dirá que va a ser fácil porque no lo será. Será precioso, será ilusionante, será memorable pero no será fácil. Educar es acompañar a una persona a que se construya a sí misma y construya el mundo que le rodea, y eso es prácticamente tarea de dioses. Así que sí, educar es todo un atrevimiento.


Y por esto de que no es fácil, he de decirte que no todos valen. Existe la errónea creencia de que cualquiera que sepa un contenido puede enseñarlo, pero es falso. Porque saber algo no es saber transmitirlo, ni inspirar, acompañar, observar, guiar… Nadie duda que para curar hay que ser un profesional de la medicina, ni que para juzgar haya que ser un profesional de la judicatura… Incluso nadie duda que para arreglar un vehículo haya que ser un profesional de la mecánica. ¿Por qué cuando hablamos de educar cualquiera cree que puede opinar de ello o incluso hacerlo?


Y no hablo solo de educar en la escuela, sino en cualquier contexto, también en la familia. Tener la capacidad biológica de reproducirse no te capacita para educar al hijo o hija que vas a tener. Haber tenido padres no significa que vayas a saber ser uno de los buenos. Que te hayan educado (mejor o peor) a ti, no significa que por ello tú vayas a saber hacerlo bien. Y no te culpo por ello, es simplemente que no te has preparado o aún no lo has aprendido.


Al educar tenemos en nuestras manos la sociedad entera, tenemos el mundo ante nosotros. No ya en clave de futuro que por supuesto también. Es el presente. Estás transmitiendo una forma de ver y comprender el mundo que influye directamente en la realidad. Cuando como madre o padre enseñas a tu hijo o hija a respetar a las personas estás influyendo en cómo le hablará a su hermano, a su amiga o a cualquier desconocido.


Por lo tanto, para atreverse a educar hay que tenerle un profundo respeto a la profesión, a la educación en sí. Si como educador no te tomas en serio tu profesión nos arrastras a toda la sociedad contigo.


Como cantaba Silvio Rodríguez “debes amar la arcilla que va en tus manos, debes amar su arena hasta la locura. O si no, no la emprendas que será en vano, solo el amor alumbra lo que perdura, solo el amor engendra la maravilla”.


Por ello compañera, compañero, si te atreves a educar por favor no lo hagas a medias, no lo hagas porque no tienes otra salida o porque "es tu trabajo". Si te atreves a educar hazlo porque realmente creas en lo que estás haciendo. Ponle toda la pasión y el corazón sabiendo que con cada pequeña acción, estás creando un mundo nuevo y que depende en parte de ti el resultado.